Enjambre de abejas africanizadas atacó ayer en la UCV
El suceso ocurrió cerca del Hospital Universitario. Los afectados fueron, en su mayoría, profesores y alumnos.
Las abejas africanas vuelan siempre juntas (Cortesía/Imagen referencial)
GIULIANA CHIAPPE| EL UNIVERSAL
miércoles 17 de febrero de 2016 01:41 PM
Ayer, en los espacios de la Universidad Central de Venezuela ubicados entre el Instituto de Medicina Experimental y el Hospital Universitario, un enjambre de abejas africanizadas atacó a quienes transitaban por allí, la mayoría profesores y estudiantes. Algunos sufrieron múltiples picaduras. Por supuesto, se creó un estado de conmoción general.
El hecho lo confirmaron médicos del Hospital Universitario, situado cerca del ataque y a donde acudieron muchos afectados solicitando ayuda. Alejandro Rísquez, epidemiólogo y profesor de la UCV, aprovechó el hecho para difundir información sobre estos insectos, dado que pueden aparecer en cualquier lugar de Caracas, en cualquier momento.
Asegura que las abejas, avispas y abejorros por lo general no pican a menos que sean molestadas o les estropeen sus enjambres. En caso que piquen, las abejas penetran el aguijón que sigue expulsando veneno a menos que sea retirado por raspado (sin apretarlo porque eso inocula el resto del veneno en la piel). Explica Rísquez que si la reacción del paciente es leve, como suele ser, con aplicar hielo en la zona, o antiinflamatorios como calaminol y antialérgicos basta. Si alguien es alérgico y presenta reacciones severas necesita atención médica inmediata.
En el caso de las abejas africanizadas, explica Rísquez que se les ha dado el nombre de "asesinas" porque tienen "un instinto de defensa acentuado, lo que las hace agresivas". Andan en enjambre y pueden atacar a quien se interponga en el camino del enjambre. Cuando el ataque es masivo es muy peligroso: 500 picaduras tienen suficiente veneno para matar a una persona adulta sanos. En el caso de los alérgicos es peor: una sola picada puede causar un shock anafiláctico.
Las recomendaciones para actuar son, primero que nada, alejarse del área inmediatamente si ve un enjambre o si comienza a ser atacado por ellas. Hay que correr en zig-zag a través de maleza, arbustos o árboles. Si puede, suba a un vehículo y enciérrese o trate de ocultarse en un lugar seguro. Si sigue visible, en un campo sin obstáculos, las abejas son capaces de perseguirlo por más de un kilómetro. Si, aun sin encontrarse en peligro, ubica un enjambre, avise a los bomberos de inmediato.
Los hay de todo tipo e intensidad. Los que dan un toque de sazón al paladar y los que te quitan la respiración y te hacen llorar.
Durante miles de año el ají picante, los chiles, jalapeños, o la pimienta han sido parte de ese placer culinario y masoquista de los humanos, únicos mamíferos en consumirlo, dividiéndonos entre quienes los consumimos y quiénes no.
Ahora, más allá de su sabor, hay razones médicas que apuntan a que el picante puede convertirse en nuestro mejor aliado. Pero, ¿por qué?
Te hiere, te cura
Paul Bosland, de la Universidad del Estado de Nuevo México, en Estados Unidos, cuenta que hace 20.000 años, cuando el hombre llegó al hemisferio occidental, se encontró con una planta que le producía dolor.
“La planta –el ají- los afectaba, pero se propusieron domesticarla porque le encontraron utilidad, y creo que fue para fines medicinales”, relata Bosland.
Pero ese poder para sanar, se contrasta con el potencial para producir lesiones, y eso ha generado históricos debates entre científicos, médicos y nutricionistas.
Un equipo de la Academia de Ciencias Médicas de China revisó durante varios años el comportamiento de casi 500.000 participantes de un estudio en ese país.
Encontraron que los individuos que afirmaban utilizar picante en sus comidas una o dos veces a la semana, registraban una tasa de mortalidad 10% menor que aquellos que consumían picante menos de una vez por semana.
La diferencia se amplía a medida que las personas ingieren alimentos picantes seis o siete veces a la semana.
El ají picante fue la especie más utilizada en las muestras del estudio, y quienes lo consumieron fresco disminuyeron en particular el riesgo de morir de cáncer, enfermedades coronarias y diabetes.
Lu Qi, miembro del equipo investigador y amante del picante, señala que hay muchas razones que explican estos efectos.
“Los datos obtenidos nos animan a pensar que al comer más comida picante mejoramos nuestra salud, y reducimos el riesgo de mortalidad en personas de edad avanzada”, comenta.
No obstante, Qi aclara que el picante puede que no sea beneficioso para personas con problemas digestivos o úlceras estomacales.
Los secretos de ají
Para mirar dónde reside el poder del ají, córtelo y en su interior descubrirá una suerte de placenta amarilla a la cual están pegadas las semillas.
En la mayoría de las variedades de ají, en ese lugar se esconde su arma secreta: la capsaicina, un compuesto químico que genera irritación en los mamíferos.
La capsaicina se mide en la escala Scoville, una medida del picor en los chiles. Se cuenta en unidades de calor, es decir, en el número de veces que una muestra de ají seco debe ser diluida por su propio peso en agua con azúcar antes de perder su calor.
Para un pimentón verde la escala registra cero.
Pero para un ají habanero la medición oscila entre 100.000 y 350.000. La capsaicina pura alcanza una cifra de 16 millones, por lo que no se recomienda su uso ni culinario ni medicinal.
Como un arma química
Aún cuando el simple contacto con el chile Cuernos Rojos puede quemarte por completo la garganta, el extracto de capsaicina luce inodoro e incoloro, y por su intensidad está prohibido su consumo en la Unión Europea.
Así que su uso es más efectivo como arma, en el conocido formato de spray.
Desde tiempos precolombinos el ají se ha utilizado como arma. Se dice que los mayas quemaban hileras de esta planta para crear una cortina de humo que causaba irritación al entrar en contacto con ella.
Y en lo que parece ser una versión antigua del rincón del castigo, el códice azteca muestra a un padre obligando a un niño de ojos llorosos a acercarse a un hoyo con chiles encendidos.
Medicina contra el dolor
El códice azteca también muestra cómo se utilizaba para calmar el dolor de dientes, una función analgésica que se mantiene hasta nuestros días.
Joshua Tewksbury, un historiador de la Universidad de Washington, considera que la sensación de irritación que sentimos al exponernos al pimentón es un truco de la evolución.
“En realidad no estamos sufriendo una quemadura por la capsaicina, como sí la sufriríamos si tocáramos la hornilla encendida de una cocina, pero nuestro cerebro sí lo cree”, dice el académico.
Además agrega que solo los mamíferos pueden tener esa sensación. Los pájaros, por ejemplo, pueden comerse los pimientos como si fueran cotufas sin sentir el ardor.
En ese sentido, Tewksbury estima que la planta evolucionó de tal manera que se hizo repelente a aquellos animales que pudieran triturar sus semillas con los dientes, e inofensiva a aquellos que podían ayudarla a esparcirlas.
También evolucionó para combatir microbios.
Esto tuvo gran relevancia en los tiempos previos a la medicina y a la refrigeración, y en especial en zonas ubicadas cerca del trópico, donde las personas eran más vulnerables a las bacterias que podían afectarlos o a sus alimentos.
El chile picante destruye o inhibe 75% de estos patógenos.
Eso puede explicar su éxito alrededor del mundo. Solo dos o tres años después de que Cristóbal Colón trajera las semillas de capsaicina que encontró en sus viajes por el Nuevo Mundo en 1493, los mercaderes portugueses la llevaron a Asia, donde terminaría por transformar el modo de cocinar.
El clima influye
En algún momento se llegó a decir que los habitantes de países con clima caluroso comían picante porque los hacía sudar, lo cual refrescaba la piel.
En 1988 investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron que en países como India, Tailandia y China, el uso de las especies tendía a ser por su condición antibacterial.
Además, las mismas eran más utilizadas en naciones cercanas al ecuador, o áreas de valles húmedos y altiplanos.
La relación del pimentón con el clima, y el riesgo presente de enfermedades infecciosas, fue más grande que sus condiciones naturales para crecer.
O como diría Tewksbury, los humanos que vivían en zonas con climas peligrosos desarrollaron un gusto por el picante que “probablemente salvó muchas vidas”.
Como antioxidante
Ahora también se sabe que es una fuente de antioxidantes. Por ejemplo, 42 gramos de esta especie puede sustituir la dosis diaria de vitamina C, aunque hay que admitir que esa cantidad puede darle un sabor muy fuerte al curry.
También son ricas en vitamina A, y en minerales como hierro y potasio.
La capsaicina ha sido incluso vinculada con la pérdida de peso. Estudios realizados este año por la Universidad de Wyoming, en Estados Unidos, revelan que ratones alimentados con una dieta alta en grasas registraron una aceleración del metabolismo, logrando quemar más energía y de esta forma perder peso.
Otro experimento publicado el mes pasado y realizado por la Universidad de Adelaida, Australia, descubrió que la interacción entre la capsaicina y las paredes del estómago juegan un papel importante en la sensación de sentirnos llenos.
Sobre esa misma línea, estudios anteriores parecieran respaldar la función controladora del apetito que pudiera tener el picante.
¿Picante Vs cáncer?
En 2012 un equipo de nutricionistas de la Universidad China de Hong Kong, que experimentó con hámsters, detectó que la capsaicina ayudaba a destruir el llamado “colesterol malo”, que puede obstruir las arterias de los animales, y deja el “colesterol bueno”, que ayuda a remover cualquier obstrucción.
También se descubrió un segundo beneficio para la salud cardíaca: la capsaicina pareciera impedir la acción del gen que contrae las arterias, restringiendo el flujo sanguíneo.
Por otra parte, se han obtenido resultados positivos en experimentos con ratones con células de cáncer de próstata y de pulmón, así como también hay indicios de ser efectiva contra afecciones en el colón.
Sin embargo, antes de hacer cambios drásticos en tu dieta, estos experimentos deben replicar sus resultados cuando se practiquen en humanos.
“Hay muchos reportes que señalan los efectos positivos de la capsaicina en la salud de las personas, especialmente con cáncer, pero también hay otros estudios que demuestran lo contario”, advierte Zigang Dong, del Instituto Hormel, de la Universidad de Minnesota.
Las investigaciones enfocadas en el efecto de la capsaicina en el estómago de los seres humanos presentan hallazgos abiertamente divergentes.
Unos muestran sangramiento gástrico luego de consumir picante rojo, y otros no muestran reacción negativa alguna, incluso cuando se ha introducido jalapeños directamente en el estómago.
“Probablemente afecta al estómago o al esófago porque la capsaicina causa inflamación. Y si algo causa ardor o inflamación es porque puede matar células y por ende, producir inflamaciones crónicas que pueden ser muy dolorosas”, explica Dong.
Como se puede apreciar, el chile picante se mantiene como un enigma. No obstante, sea amigo o enemigo, estamos cada vez más expuestos a él.
El consumo global de picante subió 2.5% por año, mientras que el consumo per cápita se incrementó 130% en ese período.
Quizás hasta que se comprueben todas sus dotes curativas, habría que administrarlo poco a poco, sin que nos saque lágrimas o vapor por los oídos.
Control de epidemias en Venezuela Fuente: GV/ER 19-01-2016 11:47AM Alejandro Risquez, pediatra y epidemiólogo, expresó que la educación sanitaria es uno de los elementos fundamentales para el control de epidemias en el país.
A Soluciones, también asistió la médico infectóloga, Elís Sánchez, indicó que en Venezuela, si una persona tiene fiebre y erupciones en la pies, "es una señal de observación médica".
Los especialista indicaron que las endemias son enfermedades que se mantienen en una zona determinada normalmente con un mismo número de casos; lo que la diferencia con las epidemias es que estas aumentan su número de casos de manera brusca.
Risquez, señaló que es importante divulgar la información epidemiológica y denunció que el Ministerio de Salud tiene un año que no publica esos datos.
Es diminuto –apenas mide 7 milímetros– pero ha puesto en jaque a buena parte de los países del continente latinoamericano.
Las hembras de este mosquito, que tiene por nombre Aedes Aegypti, son el principal transmisor del zika, el dengue y la chikungunya, tres enfermedades que amenazan, a día de hoy, la mayoría de los países de la región.
El Salvador y Paraguay han sido los últimos en decretar, el lunes, la alerta nacional para "controlar y prevenir" la acción de este insecto.
De acuerdo con la subsecretaria Salud Pública de Uruguay, Cristina Lustemberg, "Uruguay, Chile y Canadá son los únicos países de América libres de casos autóctonos" en la detección de las tres enfermedades que propaga.
Y los virus que transmite suponen "un nuevo reto para las naciones", tal y como señaló la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Te contamos como actúan estos insectos y cuáles son los síntomas de las enfermedades que transmiten.
Actividad diurna
Suelen picar durante el día, principalmente a primera hora de la mañana y a última de la tarde, y viven tanto en interiores como en exteriores.
A los seres humanos les transmiten los virus las picaduras de hembras infectadas, que a su vez se contaminan al succionar la sangre de quienes tienen virus.
En el momento de la picadura, estos mosquitos, originarios de África, inyectan su saliva, la cual puede contener cuatro tipos de enfermedades: zika, dengue, chikungunya o fiebre amarilla.
La enfermedad que nos transmitan dependerá de si el mosquito estaba (o no) infectado por alguno de estos virus, que pudo obtener al succionar la sangre de los humanos, aseguran los expertos.
En aguas estancadas
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), este insecto, de color oscuro y manchas plateadas, utiliza como criaderos espacios reducidos, tanto naturales como artificiales.
Depositan sus huevos en recipientes que contienen agua limpia, y en dos o tres días, éstos se convierten en larvas, que crecerán después hasta ser zancudos adultos.
Por eso, advierten los expertos, es importante erradicar posibles criaderos de agua estancada, además de utilizar insecticidas y repelentes sobre la piel y la ropa.
Tobillos y codos
De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, este mosquito puede picar sin que nos demos cuenta porque "se acerca por detrás y ataca en los tobillos y en los codos".
Normalmente prefieren picar a humanos, aunque a veces también atacan a perros y otros animales domésticos.
Es importante conocer bien las diferencias entre estos virus, pues los síntomas son similares, lo cual puede llevar a confusión.
¿Cuál?
Dengue
-Es conocida como la "fiebre rompehuesos".
-Quienes la adquieren padecen dolores articulares y musculares, fiebre alta, náuseas, vómitos y sarpullidos.
-También sufren inflamación de los gánglios linfáticos, cefaleas o dolor muy intenso detrás de los globos oculares.
-Según la OMS, cerca de la mitad de la población del mundo corre el riesgo de contraer el virus.
Zika
-Quienes padecen este virus tienen fiebre leve, sarpullido, dolor de cabeza, dolor en las articulaciones, dolor muscular y malestar general.
-También pueden sufrir conjuntivitis, la cual se manifiesta de 3 a 12 días después de la picadura.
-Una de cada cuatro personas puede desarrollar síntomas, pero en quienes sí son afectados la enfermedad es usualmente leve.
-Está presente en México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Panamá, Colombia, Venezuela, Surinam , Guyana Francesa, Brasil y Paraguay.
Chikungunya
-México y Ecuador son dos de los últimos países afectados por esta enfermedad, cuyo nombre proviene de una dolencia africana que se traduce como "doblarse de dolor".
-Los síntomas son fiebre, dolores articulares y musculares, naúseas, cansancio y erupciones cutáneas.
-Los dolores pueden durar meses, incluso años.
-No existe vacuna ni tratamiento, ni para el zika ni para la chikungunya.
La combinación de dos fármacos -un antiinflamatorio y otro que actúa sobre la dopamina- puede hacer “más eficaz” el tratamiento contra el dolor crónico, según un estudio con roedores publicado hoy en la revista Nature Neuroscience.
Los investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad estadounidense de Northwestern descubrieron además que una región del cerebro que controla si nos sentimos contentos o tristes, así como las adicciones, es remodelada por el dolor crónico.
El tratamiento recupera esa región cerebral y reduce de forma drástica los síntomas del dolor en un modelo con animales, indica el estudio.
Al entender la causa que genera tales cambios en el cerebro “fuimos capaces de diseñar un tratamiento corrector que funcionó realmente bien en los modelos” con animales. “La cuestión ahora es si funcionará también con humanos”, señaló uno de los autores del estudio James Surmeier, para lo que están realizando un test clínico.
El nuevo tratamiento combina un medicamento conocido como L-dopa, y un antiinflamatorio no esteroideo, ambos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU.
Los resultados sugieren que complementar los antiinflamatorios, que es el tratamiento más común contra el dolor, con medicación que activa los receptores de la dopamina o aumenta los niveles de ese neurotransmisor “puede ser más eficaz” para tratar el dolor crónico y prevenir que se cronifique.
Suministrada a roedores con dolor crónico, la combinación de ambas medicinas tiene como objetivo los circuitos cerebrales del núcleo accumbens (una zona del cerebro situada en cada hemisferio) y elimina por completo el comportamiento en los animales del dolor crónico.
El tratamiento tiene “el potencial de prevenir el dolor crónico” si se usa lo suficientemente rápido después de producirse la herida que lo causa, dijeron los científicos.
“Para nosotros fue sorprendente (descubrir) que el dolor crónico realmente reconfigura la zona del cerebro que controla si te sientes contento o triste”, señaló Surmeier.
El estudio “muestra que se puede pensar en el dolor crónico como si el cerebro se hiciera adicto al dolor, de hecho el circuito cerebral relacionado con las adicciones está implicado en el proceso del dolor”, indicó Apkar Vania Apkarian, otro de los autores del estudio y profesor de la misma universidad.
Los científicos descubrieron que a los pocos días de sufrir una herida que provoca el dolor crónico hay un grupo de neuronas, las cuales se cree que son responsables de las emociones negativas, que se hiperexcitan y refuerzan su conexión con otras zonas del cerebro vinculadas a la percepción del malestar.
El siguiente paso fue dilucidar si este cambio estaba causado por una disminución de un neurotransmisor llamado dopamina
Cuando los científicos administraron la combinación del antiinflamatorio no esteroide y la L-dopa, que aumenta los niveles de dopamina, se revirtieron los cambios en el cerebro y se paró el dolor crónico en los animales.
Esos resultados establecieron que el dolor crónico “no puede ser visto solo como un fenómeno sensorial sino que está íntimamente relacionado con las emociones”, agregó Apkarian. EFE
En la costa de Barlovento, entre Chirimena y Puerto Francés, varios años en los meses de agosto, septiembre y octubre han ocurrido casos de intoxicaciones masivas, cuyas causas son desconocidas por los organismos de prevención y los médicos a cargo de prestar atención primaria.
Ocurre todos los años y siempre entre agosto y octubre. La costa de Barlovento se vuelve hostil. No porque su mar este revuelto; sino porque literalmente no deja respirar. Los síntomas son bien sabidos y están identificados: además de la dificultad respiratoria, hay irritación de piel y mucosas —nariz, ojos y garganta—, ardor, prurito, rash cutáneo, náuseas y vómito. En 2015 ha pasado dos veces. El 31 de octubre desalojaron a 464 temporadistas de playa Caracolito porque 38 de ellos presentaron síntomas de intoxicación, “por razones desconocidas”, diagnóstico de acuerdo al reporte de Protección Civil Miranda. Un mes más tarde, el 30 de noviembre, ingresaron 20 personas por presentar síntomas de intoxicación a los centros de salud Pronto Socorro y Hospital de Higuerote; los temporadistas estaban antes en Puerto Francés.
No solo se ven afectados esos balnearios, el fenómeno se ha registrado en la zona marino costera del municipio Brión, Estado Miranda, en Majagua, Chirimena, Los Totumos, San Francisquito y La Cangrejera. “Ya ha pasado antes. Al parecer son unas algas o unos químicos de un barco. Nadie sabe”, dijo el parquero de Chiremena a Juan Tenreiro, quien sufrió lo que él calificó como “la maldición de Majagua”, el 31 de octubre.
Lo que empezó como un día de playa terminó en cinco amigos enfermos con un malestar similar al de una gripe. En el ambulatorio de los bomberos, el médico les dijo que era una intoxicación por algo que nadie sabe qué es. “Tómense un antialérgico”, recetó.
El lanchero que los fue a buscar para llevarlos de Majagua al puerto de Chirimena utilizaba un pañuelo con el que se cubría boca y nariz. Para quienes viven o trabajan en el eje barloventeño entre Chirimena y PuertoFrancés, se trata de un malestar conocido con causas desconocidas. “Eso pasa desde 1995. Hay algo en el aire, en el agua no hay nada”, asegura Mirna Arenas, propietaria de un local en Puerto Francés. Indica que todos los que viven o trabajan en esas playas han sufrido los síntomas. “Se siente como una convalecencia. Pica la garganta, estornudas, duele el pecho. Nosotros ya estamos acostumbrados. De hecho, nos pega menos que a los turistas”.
Parte de la rareza del fenómeno tiene que ver con que después de una ducha con agua fresca y de ingerir un antialérgico todo pasa. El malestar termina y al día siguiente no sucede más nada; ni con las personas ni en la playa. Como máximo puede durar dos días.
Extrañeza entre las autoridades
La primera vez que se reportó este evento Rafael Caldera ejercía por segunda vez la Presidencia de la República. Era 1995. En esa oportunidad se intoxicaron 15 personas, pescadores y turistas, a los que hubo que ingresar al Hospital de Higuerote; y Defensa Civil —como se llamaba entonces— prohibió bañarse en Caracolito y Puerto Francés.
Los afectados aprovechaban el puente del Día de la Raza, cuando percibieron un olor“parecido al de una bomba lacrimógena”, reseñó El Nacional del 14 de octubre de 1995. Defensa Civil tomó muestras del agua y de la arena y el juez Sing Sung León elaboró un expediente relacionado con la intoxicación masiva y daños ecológicos. El juez aprovechó para hacer una inspección sorpresa a una planta de Lagoven, ubicada en Carenero. Los resultados de esa investigación no se divulgaron. En 2004 y 2007 se repitió el evento. En 2004, el Ministerio del Ambiente determinó que la intoxicación era de origen biológico y que se esparcía por el aire. No obstante, no lograron establecer la causa, aunque sí se descartó que fuese resultado de la Planta de Distribución de Carenero, y la excesiva presencia de microalgas fitoplanctónicas, que pudiesen causar mareas rojas.
En 2009, 32 personas presentaron síntomas de alergia a principios de noviembre y el Ministerio Público, a través de la fiscal vigésima con competencia en Ambiente del estado Miranda, Yamileth Barrero, comenzó una investigación. En esa oportunidad, la alcaldesa de Brión, Liliana González, dijo que la intoxicación respiratoria se originó con gases. Se percibía un fuerte olor a desinfectante, similar al cloro.
El 25 de agosto de 2013, 17 personas se intoxicaron en Caracolito. El Ministerio del Ambiente elaboró un informe técnico sobre la calidad del agua en el balneario, que tampoco se publicó, aunque se prohibió el uso de la playa por más de un mes. Miguel Viscuña, director de Epidemiología de Salud Miranda, recuerda que en 1995 —cuando hubo el primer registro— fue a la costa barloventeña y participó en un estudio sobre la calidad del agua. No encontraron ninguna sustancia química y concluyeron que podía deberse a un efecto similar al de la marea roja que ocurre por el incremento de microalgas en el agua.
Dependiendo de las condiciones de temperatura, salinidad, luminosidad y disponibilidad de nutrientes; las microalgas proliferan de forma explosiva, lo que puede cambiar la coloración del agua, y sus floraciones pueden ser tóxicas o no. Estas son consumidas por los moluscos y a la vez por los humanos. Si son tóxicas pueden ocasionar daños en la salud como hormigueos, vómito, entumecimiento, problemas respiratorios y debilidad muscular, entre otros. “En 2013 también se recolectaron muestras de agua, se analizaron y no arrojó ningún elemento”, afirma Viscuña. El epidemiólogo agrega que cuando ocurre la intoxicación no todos los que están en la playa resultan afectados; sino más bien un grupo pequeño y de ese grupo en un porcentaje más pequeño se presentan los síntomas con más fuerza. Se presume que porque ya tienen una enfermedad de base. A uno de los amigos de Tenreiro, por ejemplo, hubo que nebulizarlo porque es asmático; pero al día siguiente, como todos los demás, estaba bien, después de tomar un antigripal, además del antialérgico.
“Cuando ocurrió el 31 de octubre hubo un grupo de turistas que viajaron desde los Valles del Tuy en un autobús; ellos estuvieron entre los evacuados de Caracolito, pero no presentaron síntomas sino hasta dos días después; que acudieron al Pronto Socorro de los Valles del Tuy. Se les dio tratamiento sintomático y también se les tomaron muestras de sangre; pero no hubo nada anormal en los resultados y mejoraron con el tratamiento”, explica el médico.
Los habitantes de Brión atribuyen el malestar a la Planta de Distribución de Combustible Carenero. Refieren que la intoxicación por causas desconocidas puede ocurrir por el lavado de unos tanques. Sin embargo, eso nunca se ha podido demostrar.
Víctor Lira, director de Protección Civil Miranda, coincide en que hay varias versiones sobre lo que puede causar la enfermedad. Como organismo de protección y asistencia son quienes se encargan de desalojar los balnearios cuando es necesario. Refiere que cada año se repiten los síntomas y la descripción de lo que ocurre. Cada año también Caracolito, Puerto Francés, Majagua, Chirimena, Los Totumos, San Francisquito y La Cangrejera son declaradas playas aptas tanto por el Ministerio del Ambiente —ahora de Ecosocialismo y Agua—, como por la Capitanía de Puerto del Instituto Nacional de los Espacios Acuáticos.
Y entonces, ¿qué pasa?
Después de una intoxicación ocurrida el 29 de agosto de 2010,el análisis ambiental y las muestras captadas en Chirimena por Intevep, brazo tecnológico de PDVSA, determinó que hubo floración de algas nocivas, específicamente del dinoflagelado del género Ostreopsis. La investigación arrojó que estos organismos en específico desaparecen rápidamente, lo que hizo imposible determinar su presencia en intoxicaciones anteriores.
“Se encontró en las muestras la presencia de 3.596 células del organismo por litro de agua de mar. Se considera que una densidad de 1.200 células por litro agua muestreada es suficiente para generar toxicidad a las personas”, explica Evelyn Pallotta, bióloga y directora general de Ecología y Ambiente del estado Miranda. Agrega que la aparición de estos eventos es cíclica y acompasada y que su recurrencia podría aumentar por el incremento de las actividades humanas.
Pdvsa Intevep, en la actualidad, lleva a cabo la investigación “Estudio ambiental de la zona marino costera adyacente a la Planta de Distribución Carenero” en la que participó Alan Fernández, investigador de la Universidad Universidad Simón Bolívar. Fernández expone que en la costa de barlovento entre los meses de agosto, septiembre y octubre se han presenciado eventos de intoxicación debido a la proliferación excesiva de microorganismos fitoplanctónicos.
“Con la temporada de lluvias desembocan a la costa aguas con gran cantidad de materia orgánica, que proporciona nutrientes esenciales para el crecimiento del fitoplancton. La especie causante de estas intoxicaciones es el dinoflagelado Ostreopsis Siamensis, que se encuentra en estado de latencia en el fondo marino hasta que se dan las condiciones indicadas de luz, salinidad y concentración de nutrientes para proliferar”.
Aunque desde 2010 se conocen las causas, la comunidad no está informada sobre el tema. Para Alejandro Álvarez, coordinador del grupo ambientalista Red ARA, “lo peor que puede ocurrir es la opacidad y la falta de información. Si se trata de un fenómeno natural deberíamos saberlo; pero hemos perdido la institucionalidad ambiental”. Pallotta recomienda que el Ministerio de Ecosocialismo y Agua incluya la cuantificación periódica de este tipo de microorganismos en las aguas de mar en su lista de indicadores, para monitorear tanto su incidencia como concentración, de esta manera se podrán tomar las medidas preventivas previas a posibles impactos sobre la salud pública, la industria del turismo y la alimentaria.
Por lo pronto Tenreiro y sus amigos, al día siguiente de la intoxicación “ni de vaina” se acercaron al mar. Prefirieron quedarse en la piscina.